
Locución: Elena Romero
Sobre esta nave, una de las más antiguas del Santuario de la Encarnación (la que precede al camarín de la patrona) se alza un artesonado mudéjar de par y nudillo con dos tirantes centrales y labor de lacería con estrellas de ocho en el almizate que generan una rueda central de ocho puntas o alfardones, en cuyo centro aparece una piña o pinjante de mocárabes.
Los fondos de los casetones están adornados con círculos de flores talladas de seis hojas (hexafolias) que han perdido su policromía. Los artesos (cada uno de los espacios cuadrados ornamentados que forman el artesonado) aparecen decorados con motivos vegetales de hojas y flores entrelazadas. En las partes inferiores vemos alternados los escudos de Castilla y de León, sólo interrumpidos en dos tablas sucesivas en las que aparecen sendas inscripciones borrosas, en una de las cuales parece reconocerse el clásico IHS y en la otra YPS en escritura gótica (justo a la altura sobre la puerta de la sacristía). En la parte superior del estribado se sitúan escudos con cruz floreteada de gules sobre campo de azur. En el estribado nacen los tirantes sobre canes mensulados: cuatro cortos en las esquinas, y otros dos largos a lo ancho.
Podríamos situar su origen en la primera mitad del siglo XIV, incluso un poco antes, más desconocemos la procedencia del artesonado, pues no sería concebido inicialmente para este templo ya que se aprecia que fue trasladado y acoplado desde otro edificio (posiblemente de carácter civil como podemos deducir por su decoración) ya que en la mitad norte vemos dos pares de limas muy juntos, sin apenas espacio para los cuarterones, lo que le hace ser asimétrico.
El paso de los siglos y la intervención humana acabó ocultando su esplendor. Así, antes de la restauración de los 90, estaba cubierto por una capa pictórica de color pardo, ornamentado con líneas oscuras que marcan los motivos decorativos siguiendo las líneas geométricas de la estructura. La empresa Antícoli, al realizar las primeras pruebas de limpieza de una de las tablas, dio bajo esta capa de pintura con otra blanca de temple y cal, y bajo ella la policromía original. La empresa realizó su limpieza a base de mezclas de disolventes y procedimientos mecánicos. La reintegración del intradós (parte visible) fue mínima, ya que no padecía de grandes pérdidas, reponiéndose las molduras del tramo central de la parte inferior. En el trasdós (parte superior que no vemos) se realizaron algunos trabajos estructurales, de desinsectación, y limpieza de polvo, escombros y excrementos de aves. Se repusieron los pares y limas cortados en uno de los extremos, y se colocaron unos tirantes de acero para impedir que una parte lateral del artesonado se desplace hacia abajo. La estructura metálica de la cubierta del Santuario, obra del arquitecto Esteban Belmonte, cuenta con una viga de hierro que sustenta dichos tirantes. Bajo el artesonado, en la esquina noroeste de esta nave, se sitúa el púlpito desde el que predicó al pueblo de Tobarra San Vicente Ferrer, el 24 de abril de 1411.

El artesonado mudéjar restaurado
Foto: Elena Lisón Santos

El artesonado mudéjar restaurado
Foto: Elena Lisón Santos